El fenómeno de El Niño continúa ganando fuerza en el Pacífico ecuatorial y podría convertirse en uno de los principales factores del comportamiento meteorológico de México durante los próximos meses. Las proyecciones apuntan a un otoño y un invierno con mayor presencia de lluvias, ciclones y sistemas invernales, así como descensos importantes de temperatura en distintas regiones del país.
De acuerdo con la actualización del Centro de Predicciones Climáticas del 13 de agosto de 2026, las temperaturas de la superficie del mar han aumentado de manera significativa en el Pacífico. En la región 3.4 se registran anomalías de hasta 1.4 grados Celsius, mientras que frente a las costas de Ecuador y Perú alcanzan hasta 2.9 grados por encima del promedio.
Los pronósticos señalan que El Niño podría continuar intensificándose durante los siguientes meses y alcanzar su máxima expresión en el invierno. Posteriormente, se espera que comience a perder fuerza durante la primavera de 2027, con la posibilidad de regresar a condiciones neutrales durante el verano.
Otro elemento que refuerza esta perspectiva es la presencia de una importante reserva de agua cálida bajo la superficie del Pacífico. En algunas zonas se observan anomalías de hasta 10 grados Celsius, y parte de ese calor podría emerger progresivamente entre el otoño y el invierno. Las previsiones mantienen en 100 por ciento la probabilidad de que El Niño persista hasta comienzos de 2027.
Los modelos recientes incluso estiman una probabilidad cercana al 95 por ciento de que entre octubre y diciembre de 2026 se presente un episodio catalogado como muy fuerte. Sin embargo, especialistas advierten que términos como “Súper El Niño” o “Godzilla” no son categorías científicas oficiales, por lo que lo adecuado es hablar de un evento fuerte o muy fuerte.
En México, una de las principales consecuencias podría observarse en la distribución de las precipitaciones. Durante la parte final del verano y el inicio del otoño aumentaría el riesgo de lluvias abundantes asociadas con ciclones tropicales, mientras que algunas regiones del centro, sur y noreste podrían experimentar periodos de menor precipitación durante parte de agosto.
La segunda mitad de agosto todavía estaría marcada por temperaturas elevadas y acumulados de lluvia inferiores a lo habitual en varias zonas. Esto no significa que desaparezcan las precipitaciones, sino que podrían presentarse de manera irregular. Hacia los últimos días del mes, un incremento en la actividad de ondas tropicales y ciclones en el Pacífico podría favorecer un aumento de la inestabilidad y extender la humedad hacia el Golfo de México.
La canícula también ha influido en las condiciones recientes, principalmente mediante una reducción temporal de las lluvias y un aumento del calor en regiones del sureste, Golfo de México, centro, sur, noreste y parte del occidente. Este periodo, no obstante, no tiene una duración fija de 40 días ni representa necesariamente la etapa más calurosa del año.
Con la llegada de septiembre, la situación podría cambiar de manera gradual. El incremento de la actividad ciclónica en el Pacífico favorecería el ingreso de humedad hacia el territorio nacional, mientras que los primeros frentes fríos podrían comenzar a afectar con mayor fuerza al norte y oriente del país, generando tormentas y periodos de lluvia intensa.
Para octubre se mantiene la expectativa de una temporada activa de ciclones frente al Pacífico mexicano. Al mismo tiempo, el Atlántico podría registrar una mayor influencia de sistemas frontales, mientras que la corriente en chorro comenzaría a adquirir mayor relevancia al transportar humedad del Pacífico hacia diferentes regiones del país.
En noviembre disminuiría la frecuencia de ciclones tropicales, aunque el riesgo no desaparecería por completo. Paralelamente, comenzarían a cobrar mayor importancia los sistemas propios de la temporada fría, como frentes, corrientes en chorro y vórtices atmosféricos, capaces de generar episodios de lluvias, descenso térmico y tormentas en el centro y norte de México.
Durante diciembre y el resto del invierno podría consolidarse el escenario más frío y lluvioso asociado con este patrón climático. Las previsiones contemplan un aumento en la posibilidad de nevadas y temperaturas muy bajas, principalmente en regiones del norte y zonas montañosas, mientras que el sureste tendría un comportamiento diferente y, en algunas áreas, podría mantenerse un déficit de precipitaciones.






