El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, expuso hoy que su país no tiene otra opción que mover su capital de lugar, debido a la expansión desmedida de Teherán y la falta de suministros adecuados de agua y el riesgo de hundimiento.
El dirigente iraní declaró que el año pasado expuso su propuesta al líder supremo de la nación, Ayatollah Ali Khamenei, y admitió que su plan recibió diversas críticas, que han sido acompañadas por la acumulación de problemas hídricos que, a su juicio, no dejan otra opción que cambiar la capital de Irán hacia el sur.
Según las últimas estimaciones, Teherán cuenta con una población de 16,8 millones de habitantes en su área metropolitana, y una densidad de población de 12 mil 200 personas por kilómetro cuadrado, casi el doble que el de la Ciudad de México.
Durante su visita a la provincia de Hormozgan, ubicada en la costa del Golfo Pérsico, del otro lado de Dubai, Masoud Pezeshkian argumentó:
“Esta región se encuentra a orillas del Golfo Pérsico y ofrece acceso directo a aguas abiertas y al desarrollo de relaciones comerciales y económicas. Si tenemos una visión diferente de las capacidades de esta región, podemos crear una región muy próspera y avanzada. No basta con aceptar la situación actual sin diseñar un mapa científico, preciso y autóctono para el futuro. Los problemas que enfrenta actualmente el país nos exigen orientar el desarrollo hacia el Golfo Pérsico. Teherán, Karaj y Qazvín enfrentan actualmente una crisis hídrica, y esta crisis no tiene fácil solución”.
Teherán consume una cuarta parte de las reservas de agua de Irán. El año pasado, la precipitación anual fue de 140 mm, cuando el promedio es de 260 mm. Los estimados de caída de lluvia para este año se ubican debajo de los 100 mm.
La reducción del nivel de las presas, la sequía de pozos de suministro vitales para Teherán y los altos costos de transportar agua de otros lugares son algunos de los focos rojos que llevan al presidente iraní a plantear un cambio de capital para el país árabe.
La caída en los índices de precipitación y el aumento de la evaporación de agua ahondan el problema, ya que las presas aportan un 70 por ciento del suministro de agua a Teherán.
“En algunas áreas de la capital, la tierra se está hundiendo 30 centímetros por año. Esto es un desastre y muestra que el agua que corre bajo nuestros pies se está terminando», concluyó Pezeshkian.





