La temporada de huracanes de 2026 avanza con una actividad inusualmente baja en el Atlántico, en un comportamiento que los especialistas relacionan, en buena medida, con el fortalecimiento del fenómeno de El Niño. Hasta el 22 de septiembre, ninguna tormenta tropical formada en esta cuenca había alcanzado la categoría de huracán, una situación poco habitual para esta etapa del año.
De acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC), seis sistemas con nombre se han desarrollado durante la temporada: Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly, Edouard y Fay. Sin embargo, ninguno de ellos consiguió superar la intensidad necesaria para ser clasificado como huracán.
La ausencia de huracanes contrasta con el comportamiento promedio registrado durante las últimas décadas. En los 30 años anteriores a 2020, el primer huracán del Atlántico aparecía, en promedio, alrededor del 11 de agosto; el segundo, hacia el 26 de agosto, y el tercero, cerca del 7 de septiembre. Hasta ahora, la temporada de 2026 no ha registrado ninguno.
Uno de los factores que explica este escenario es El Niño, fenómeno caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico y cambios en la circulación atmosférica. Entre sus efectos sobre el Atlántico se encuentra el aumento de las variaciones en velocidad y dirección que presentan los vientos entre diferentes niveles de la atmósfera.
Esta condición puede impedir que las tormentas tropicales se organicen y se fortalezcan. Para que un ciclón tropical evolucione favorablemente necesita, entre otros factores, un entorno atmosférico relativamente estable; cuando los vientos cambian considerablemente con la altura, la estructura de la tormenta puede verse alterada y limitar su desarrollo.
La influencia de El Niño también ayuda a explicar el contraste entre las cuencas oceánicas. Mientras el Atlántico ha permanecido con una actividad ciclónica limitada, el Pacífico oriental ha registrado una temporada mucho más activa, con siete huracanes hasta el momento. El fenómeno puede modificar las condiciones atmosféricas de manera diferente según la región.
La NOAA señaló en su discusión diagnóstica del 10 de septiembre que El Niño continuaba fortaleciéndose y estimó en más de 90% la probabilidad de que alcanzara una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026-2027. Para Matt Rosencrans, pronosticador principal de la temporada de huracanes del Servicio Meteorológico Nacional de la NOAA, este fenómeno puede convertirse en el elemento predominante para determinar la actividad ciclónica del Atlántico.
El panorama observado coincide con la actualización de temporada publicada por la NOAA el 6 de agosto. En ella, los especialistas mantuvieron su previsión de una temporada por debajo de lo normal y calcularon entre siete y 13 tormentas con nombre durante todo el periodo, de las cuales entre dos y seis podrían convertirse en huracanes y entre cero y dos alcanzar la categoría de huracán mayor.
La temporada oficial del Atlántico comenzó el 1 de junio y finalizará el 30 de noviembre, por lo que todavía queda parte del periodo climatológico por transcurrir. Septiembre suele concentrar una de las etapas de mayor actividad, pero hasta ahora las condiciones atmosféricas no han permitido que ninguna de las tormentas registradas alcance fuerza de huracán.
Otro indicador refleja la magnitud de la baja actividad. Según el NHC, al 22 de septiembre la Energía Ciclónica Acumulada (ACE) en el Atlántico Norte se encontraba 92% por debajo del promedio correspondiente al periodo de referencia 1991-2020. Para esa misma fecha, el promedio histórico contempla ya la formación de alrededor de cuatro huracanes, lo que evidencia el carácter excepcionalmente tranquilo de la temporada de 2026 hasta este momento.






