China continúa impulsando diversas estrategias para avanzar en su proceso de descarbonización, con el objetivo de alcanzar el pico de emisiones de dióxido de carbono antes de 2030 y lograr la neutralidad de carbono para 2060. Estos compromisos fueron anunciados por el país durante la 75 Asamblea General de la ONU en 2020 y forman parte de una agenda más amplia orientada a transformar su modelo de desarrollo hacia uno más sostenible.
En los últimos años, el país asiático ha apostado por la innovación tecnológica como una de las principales herramientas para reducir su huella de carbono. Diversos proyectos piloto y programas industriales buscan integrar energías limpias, mejorar la eficiencia energética y promover nuevas formas de producción que combinen crecimiento económico con protección ambiental.
Uno de los ejemplos recientes es el desarrollo de iniciativas que combinan la generación de energía eólica marina con la acuicultura. Este modelo se implementa en el parque eólico marino de Yangjiang, ubicado en la provincia de Guangdong, al sur de China, donde se ha puesto en marcha un proyecto piloto que integra ambas actividades en un mismo espacio.
En el área marítima donde se ubican los aerogeneradores, las instalaciones también se utilizan para la cría de especies marinas con valor comercial. Entre ellas se encuentran peces como el pez dorado y el mero, que se cultivan en jaulas instaladas bajo las estructuras de los generadores eólicos.
De acuerdo con representantes del sector energético, el proyecto denominado Mingyu No. 1 busca aprovechar la infraestructura de generación eólica para impulsar la piscicultura submarina. El sistema permite suministrar directamente energía renovable a las instalaciones acuícolas, lo que reduce costos operativos y las emisiones asociadas a la actividad productiva.
Este tipo de proyectos forma parte de un modelo de desarrollo marino tridimensional que combina generación de energía, producción de alimentos, investigación científica y monitoreo ambiental. Las autoridades consideran que estas iniciativas podrían convertirse en ejemplos replicables para promover una economía oceánica más sostenible y con bajas emisiones.
La integración entre energía eólica y acuicultura representa solo una parte de la estrategia de desarrollo ecológico del país. En los últimos años, China ha intensificado la implementación de políticas para acelerar la transición hacia un modelo económico verde, con medidas dirigidas tanto al sector energético como a las industrias tradicionales.
Según el informe sobre la labor del gobierno presentado recientemente ante la Asamblea Popular Nacional, el país ha avanzado en la transformación baja en carbono de sectores prioritarios. Entre los proyectos destacados se encuentran las bases de generación de energías renovables instaladas en zonas desérticas, arenosas y áridas, cuya primera fase ya se encuentra prácticamente finalizada y en operación.
Las cifras oficiales también muestran un crecimiento significativo en el almacenamiento energético. La capacidad instalada de sistemas de almacenamiento de nuevo tipo ha superado los 130 millones de kilowatts, mientras que la proporción del consumo de energías no fósiles en el país alcanzó el 21.7 por ciento.
Otra de las iniciativas destacadas se desarrolla en Zhongwei, en la región autónoma hui de Ningxia, donde una base fotovoltaica ubicada cerca del desierto de Tengger combina la generación de electricidad con actividades agrícolas. Este complejo solar cuenta con una capacidad de tres millones de kilowatts y busca generar beneficios económicos y ambientales de manera simultánea.
En paralelo, China también ha puesto en marcha proyectos de captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS). Uno de ellos opera en la plataforma petrolera marina Enping 15-1, situada en la cuenca de la desembocadura del río Perla, donde el dióxido de carbono generado durante la explotación petrolera es capturado, purificado y posteriormente inyectado en formaciones subterráneas para su almacenamiento.
Los avances hacia la descarbonización también se reflejan en sectores industriales de alto impacto ambiental, como la siderurgia. Para finales de 2025, más del 80 % de la capacidad de producción de acero bruto en China ya había alcanzado estándares de emisiones ultrabajas, resultado de un proceso de modernización tecnológica en esta industria.
Datos recientes del Buró Nacional de Estadísticas indican además que en 2025 el país logró progresos importantes en ahorro energético y reducción de emisiones. El consumo de energía por cada 10 mil yuanes de PIB disminuyó 5.1 % respecto al año anterior, mientras que las emisiones de dióxido de carbono por la misma unidad económica se redujeron en 5 %.
De cara a los próximos años, el borrador del XV Plan Quinquenal (2026-2030) plantea nuevos objetivos para fortalecer el desarrollo verde. Entre las metas se incluye una reducción acumulada del 17 % en las emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB, además de medidas destinadas a disminuir la contaminación y reforzar la protección ecológica en sectores estratégicos.






