El mundo enfrenta una crisis sanitaria y ambiental sin precedentes provocada por los plásticos, cuya producción se ha multiplicado más de 200 veces desde 1950. Un informe publicado en la revista médica The Lancet advierte que la exposición a plásticos y sus componentes afecta a la salud humana en todas las etapas de la vida, desde el embarazo hasta la vejez, generando un impacto económico global estimado en al menos 1,5 billones de dólares anuales.
Según el estudio, el principal motor de esta crisis es la producción masiva y creciente de plásticos de un solo uso, como botellas, envases y bolsas, cuya fabricación se prevé que se triplique para 2060. Esto ha resultado en que más de 8 mil millones de toneladas de plástico contaminan ya todos los rincones del planeta, desde los polos hasta las profundidades de los mares.
Apenas el 10 por ciento de los plásticos producidos en el mundo son reciclados. El resto se quema, se entierra o se dispersa en el medioambiente, donde se descompone en microplásticos y nanoplásticos. Estas diminutas partículas ya han sido detectadas en la sangre, el cerebro, la placenta, el semen y otros órganos humanos. Aunque aún no se conoce del todo su impacto, se han asociado con enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares e incluso daño celular.
La exposición a plásticos también representa una amenaza para los trabajadores de la industria, quienes enfrentan riesgos directos por inhalación o contacto con sustancias químicas peligrosas. Se estima que solo en 2015, unas 32 mil personas murieron prematuramente por enfermedades relacionadas con su labor en la producción de plásticos, principalmente en regiones como Asia.
El informe detalla que los plásticos vienen acompañados con más de 16 mil sustancias químicas, entre colorantes, aditivos, retardantes de llama y estabilizadores, muchas de ellas sin una evaluación completa de su toxicidad. De las pocas sustancias analizadas, alrededor del 75 % son consideradas altamente peligrosas por su capacidad de bioacumulación, persistencia ambiental y toxicidad.

Grupos más vulnerables a los microplásticos
Los grupos más vulnerables a estos efectos son los fetos, los bebés y los niños pequeños. La exposición a ciertas sustancias plásticas ha sido vinculada con aborto espontáneo, parto prematuro, defectos congénitos, retrasos en el desarrollo cognitivo y enfermedades crónicas como obesidad, diabetes y cáncer infantil. También se han reportado impactos sobre la fertilidad y el desarrollo hormonal.
Los plásticos también afectan indirectamente a la salud al contaminar el aire, el agua y el suelo. La presencia de partículas en el ambiente incrementa la incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares en comunidades cercanas a centros de producción o vertederos. Además, los desechos plásticos pueden servir como criaderos de mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue o el zika.
Una de las vías más comunes de exposición a químicos plásticos es a través de los alimentos. Calentar recipientes plásticos en microondas, por ejemplo, puede liberar compuestos dañinos como el BPA, que migran al alimento. Un estudio reveló que al menos el 40 % de las sustancias químicas presentes en plásticos en contacto con alimentos pueden transferirse al contenido bajo ciertas condiciones.
La advertencia llega en un momento clave. Del 5 al 14 de agosto de 2025, se celebrará en Ginebra la última ronda de negociaciones de la ONU para acordar un tratado mundial legalmente vinculante sobre la contaminación por plásticos. Sin embargo, las conversaciones están estancadas por la oposición de países productores de petróleo como Arabia Saudita y por la presión de la industria del plástico.
Los expertos subrayan que un tratado efectivo debe incluir un límite global a la producción de plásticos, especialmente de un solo uso, y controles estrictos sobre las miles de sustancias químicas que se utilizan en su fabricación. “Los Estados deben actuar con valentía. El futuro de la salud humana y del planeta depende de ello”, concluyó el científico Philip Landrigan.






