La expansión de los coches eléctricos comienza a tener efectos reales y medibles sobre el medioambiente. Una investigación reciente llevada a cabo en Estados Unidos confirma que el aumento de este tipo de vehículos en circulación está directamente relacionado con una reducción de la contaminación atmosférica, especialmente en el estado de California.
Durante años, gobiernos y fabricantes han defendido que la electrificación del transporte ayudaría a mejorar la calidad del aire. Sin embargo, hasta ahora no se contaba con datos científicos concluyentes que respaldaran esta afirmación. Esto ha cambiado gracias a un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad del Sur de California (USC), que ha logrado cuantificar ese impacto positivo.
La investigación, realizada por estudiantes y profesores de la Escuela de Medicina Keck de la USC, analizó no solo coches eléctricos puros, sino también híbridos enchufables y vehículos de pila de combustible.
El foco principal del estudio se dirigió al dióxido de nitrógeno (NO2), un gas altamente contaminante que se origina por la quema de combustibles fósiles y que está asociado a problemas respiratorios, enfermedades cardíacas e incluso accidentes cerebrovasculares.
Según explica la doctora Erika García, una de las autoras del estudio publicado en la revista The Lancet, la reducción de este contaminante tiene efectos inmediatos tanto en el aire como en la salud de la población. En términos concretos, los resultados muestran que por cada 200 coches eléctricos adicionales en una zona determinada, la concentración de NO₂ se reduce en torno a un 1,1 por ciento. Aunque la cifra pueda parecer modesta, los investigadores destacan que marca una tendencia clara que irá en aumento conforme crezca el parque de vehículos eléctricos.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo científico utilizó datos obtenidos por el satélite europeo Sentinel-5P, a través del instrumento Trompomi, que permite medir los niveles de NO2 en la atmósfera mediante la interacción del gas con la luz solar. California fue dividida en mil 692 áreas geográficas similares a códigos postales, y se cruzaron esas mediciones con los datos de matriculación de vehículos.
El análisis reveló que entre 2019 y 2023 se incorporaron, de media, 272 coches eléctricos o electrificados por zona. A medida que aumentaba su presencia, se observaba una mejora progresiva de la calidad del aire. Para la profesora Sandrah Eckel, otra de las autoras del estudio, estos resultados demuestran que la transición hacia la movilidad eléctrica en California ya está produciendo beneficios ambientales tangibles.
Otros casos de mejora de calidad del aire y coches eléctricos
Además de California, China ofrece algunos de los ejemplos más claros del impacto positivo de la movilidad eléctrica en entornos urbanos. Un caso especialmente representativo es el de Shenzhen, una megaciudad de más de 17 millones de habitantes que fue pionera en electrificar por completo su flota de transporte público. La sustitución de miles de autobuses y taxis de combustión por vehículos eléctricos ha contribuido de forma significativa a la reducción de contaminantes como el dióxido de nitrógeno y las partículas finas, dos de los principales responsables del smog urbano y de los problemas respiratorios en la población.
Gracias a esta transición, Shenzhen ha registrado una mejora progresiva en la calidad del aire, especialmente en las zonas con mayor densidad de tráfico. La eliminación de emisiones directas de escape no solo ha reducido la contaminación atmosférica, sino también el ruido urbano, generando un entorno más saludable para los ciudadanos.
Experiencias similares a las de Shenzhen, una ciudad de 18 millones de habitantes, se están replicando en otras grandes ciudades chinas como Pekín o Shanghái, donde el fuerte impulso gubernamental al vehículo eléctrico empieza a reflejarse en cielos más despejados y en una menor exposición de la población a contaminantes nocivos. Estos casos refuerzan la idea de que la adopción masiva del coche eléctrico puede ser una herramienta clave para mejorar la salud pública en las grandes urbes.





