Cómo afecta a la vida humana la pérdida de los glaciares

¿Cómo afecta a la vida humana la pérdida de los glaciares?

Desde colapsos que afectar poblaciones hasta interrupciones en el suministro de agua. El fenómeno ya genera impactos

Investigadores y especialistas en glaciología advierten que los efectos del celerado derretimiento de los glaciares ya se están manifestando en distintas regiones del planeta y podrían afectar a millones de personas en las próximas décadas si no se adoptan medidas urgentes.

Los expertos consideran que los glaciares son uno de los indicadores más precisos del cambio climático. Su progresiva reducción permite observar con claridad el aumento de las temperaturas globales, un proceso que se ha intensificado notablemente desde la Revolución Industrial debido al uso masivo de combustibles fósiles y al incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Aunque los glaciares existen desde hace miles de millones de años y han atravesado ciclos naturales de calentamiento y enfriamiento, los científicos subrayan que la velocidad actual de su desaparición no tiene precedentes. El exceso de dióxido de carbono actúa como una capa que retiene el calor terrestre, acelerando el debilitamiento de estas grandes masas de hielo.

El glaciólogo Fabrizio Troilo, de la Fundación Montagna Sicura, señala que el cambio climático está generando riesgos que hasta hace poco parecían impensables. Según explica, los glaciares han perdido parte de la estabilidad que les proporcionaba su adhesión a las rocas, por lo que son cada vez más vulnerables a colapsos repentinos durante los periodos de calor.

Uno de los ejemplos más recientes ocurrió en Suiza, donde el glaciar Birch se desplomó tras presentar señales de inestabilidad. Gracias a los sistemas de monitoreo, las autoridades pudieron evacuar con antelación a los habitantes de la localidad de Blatten. Sin embargo, no todos los eventos han podido anticiparse con éxito.

En 2022, el glaciar Marmolada, considerado uno de los más emblemáticos de los Alpes, sufrió un colapso repentino que provocó el desprendimiento de enormes cantidades de hielo, tierra y rocas. El alud descendió a gran velocidad, causando graves daños en la zona. Desde el año 2000, los Alpes han perdido cerca del 40 % de la masa de sus glaciares.

La desaparición de estos glaciares representa además una amenaza para las reservas de agua dulce de Europa. Los especialistas recuerdan que estas formaciones funcionan como grandes depósitos naturales de agua y que, una vez derretidas por completo, no podrán recuperarse durante miles de años.

Otro de los efectos más preocupantes del deshielo es el incremento del riesgo de inundaciones. En la región del Himalaya, donde viven millones de personas, el crecimiento de lagos glaciares ha elevado considerablemente la posibilidad de desbordamientos. En algunos casos, los científicos han logrado prever estos fenómenos con varios días de anticipación, evitando tragedias mayores.

No obstante, los sistemas de alerta no siempre son suficientes. En 2023, el desbordamiento del lago glaciar Lhonak, en el Himalaya indio, provocó una devastadora inundación que dejó más de un centenar de víctimas mortales. La crecida generó una ola de gran magnitud que arrasó extensas áreas a lo largo de cientos de kilómetros río abajo.

A esta situación se suma el deshielo de los casquetes polares. Investigadores alertan que el desprendimiento de plataformas de hielo en la Antártida y la pérdida de masa helada en Groenlandia contribuyen al aumento del nivel del mar. De continuar esta tendencia, numerosas ciudades costeras densamente pobladas podrían enfrentar graves consecuencias en el futuro.

En México, la desaparición de los pocos glaciares que aún sobreviven también genera preocupación. El glaciar Jamapa, ubicado en el volcán Pico de Orizaba, ha reducido significativamente su extensión durante las últimas décadas y podría desaparecer por completo en los próximos años. Aunque su aporte hídrico es limitado en comparación con otras regiones montañosas del mundo, su pérdida afectaría los ecosistemas de alta montaña y disminuiría una fuente natural de agua que contribuye a alimentar manantiales y corrientes utilizadas por comunidades rurales de los estados de Veracruz y Puebla. Además, su desaparición sería una evidencia más del avance del cambio climático en el territorio mexicano.

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