Calor extremo afecta a una de cada tres personas en el mundo

Calor extremo afecta a una de cada tres personas en el mundo

Los adultos mayores, el sector más vulnerable, tienen menor capacidad para regular su temperatura corporal, ya que su organismo produce menos sudor

Un estudio reciente advierte que el calor extremo se ha convertido en un problema creciente para la vida cotidiana de millones de personas en el planeta. De acuerdo con la investigación, aproximadamente una de cada tres personas en el mundo vive actualmente en zonas donde las altas temperaturas restringen seriamente la actividad física, lo que refleja el impacto cada vez más evidente del cambio climático.

La investigación, encabezada por científicos de Nature Conservancy y publicada en la revista Environmental Research: Health, revela que el aumento de las temperaturas globales, relacionado principalmente con la quema continua de combustibles fósiles, está reduciendo el tiempo en que las personas pueden realizar sus actividades diarias sin riesgos para su salud. En muchas regiones del mundo, incluso individuos jóvenes y en buen estado físico enfrentan dificultades para efectuar tareas habituales durante el verano, como limpiar la casa o subir escaleras.

La situación resulta aún más compleja para los adultos mayores. De acuerdo con la investigación, este grupo tiene menor capacidad para regular su temperatura corporal, ya que su organismo produce menos sudor. Como consecuencia, el calor limita con mayor intensidad su posibilidad de permanecer o trabajar al aire libre.

El análisis revela que las personas mayores de 65 años experimentan actualmente alrededor de 900 horas al año en condiciones de calor que restringen severamente la actividad segura al aire libre. Esta cifra representa un incremento considerable respecto a las aproximadamente 600 horas registradas en 1950, lo que equivale a más de un mes adicional de horas diurnas con riesgo para la salud.

El impacto del calor no se distribuye de manera uniforme. Las poblaciones más afectadas suelen encontrarse en países con menores ingresos, a pesar de que estas regiones han contribuido menos a las emisiones que impulsan el calentamiento global. En algunas áreas tropicales y subtropicales, los adultos mayores enfrentan limitaciones para realizar actividades al aire libre entre una cuarta parte y un tercio del año.

Las condiciones más severas se concentran en regiones del suroeste de Asia, como Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Omán; en el sur de Asia, incluyendo Pakistán, Bangladesh e India; y en partes de África occidental, entre ellas Mauritania, Malí, Burkina Faso, Senegal, Yibuti y Níger.

Dentro de cada país también existen diferencias importantes vinculadas con la geografía, los ingresos y el tipo de trabajo. En India, por ejemplo, las restricciones son más intensas en la llanura indogangética que en zonas montañosas cercanas al Himalaya. En Sudamérica, la población de la cuenca amazónica resulta más vulnerable que la que vive en regiones andinas. Además, en países árabes, las personas con mayores recursos pueden recurrir al aire acondicionado, mientras que muchos trabajadores migrantes realizan labores al aire libre bajo condiciones de calor extremo.

El estudio analizó tanto la capacidad fisiológica como las condiciones sociales que influyen en la adaptación al calor. Para ello, los investigadores utilizaron la unidad conocida como MET, que mide el gasto energético humano, con el fin de determinar en qué condiciones las personas pueden desarrollar actividades sin sufrir estrés térmico.

Los resultados muestran que las áreas del planeta donde el calor limita la actividad humana han aumentado con el paso de las décadas, especialmente al comparar datos entre el periodo 1950-1979 y el comprendido entre 1995 y 2024. Según los autores, el último año del estudio, 2024, registró las restricciones más severas.

Ante este panorama, los especialistas subrayan la urgencia de reducir las emisiones provenientes del petróleo, el gas y el carbón, además de fortalecer medidas de adaptación. Entre ellas destacan la creación de sistemas de alerta temprana ante olas de calor, el desarrollo de infraestructura de enfriamiento y la protección de poblaciones vulnerables, especialmente adultos mayores y trabajadores expuestos al sol.

Haz click aquí para consultar el estudio al que hace referencia esta nota

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