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Buscan 57 países hoja de ruta para reducir la dependencia del petróleo

Durante varios días, delegados gubernamentales, científicos, comunidades locales y ONGs discutieron propuestas para acelerar una transición energética justa

La ciudad de Santa Marta se convirtió en el epicentro de un debate global sobre el futuro energético, al albergar la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. El encuentro reunió a más de mil 500 participantes provenientes de 57 países, con el objetivo de trazar una hoja de ruta que permita reducir la dependencia mundial del petróleo, el gas y el carbón.

El inicio de la conferencia estuvo marcado por una acción simbólica: una enorme serpiente rojiza de más de 10 metros bloqueó temporalmente el acceso al puerto Drummond, uno de los principales puntos de exportación de carbón del país. La protesta fue organizada por la Flotilla por la Justicia Climática, cuyos integrantes arribaron tras 13 días de travesía por el Caribe.

La elección de Santa Marta como sede no fue casual. La ministra de Ambiente encargada de Colombia, Irene Vélez Torres, destacó la contradicción que representa esta región: un territorio de enorme riqueza ecológica que, al mismo tiempo, ha sido clave en la exportación de más de 800 millones de toneladas de carbón, con un impacto significativo en las emisiones de dióxido de carbono.

Durante varios días, delegados gubernamentales, científicos, comunidades locales y representantes de la sociedad civil discutieron propuestas para acelerar una transición energética justa. El objetivo común fue construir una coalición internacional que permita avanzar de manera coordinada hacia economías bajas en carbono.

Las voces de las comunidades indígenas tuvieron un papel central. Más de 100 líderes participaron en el Encuentro Mundial de Pueblos Indígenas sobre la Eliminación Gradual de los Combustibles Fósiles, del cual surgió una declaración conjunta que exige respeto a sus derechos y rechaza nuevas formas de extractivismo en sus territorios.

Lideresas como Ginny Alba y representantes como Oswaldo Muca insistieron en que no puede hablarse de transición justa sin garantizar la libre determinación y el consentimiento previo de los pueblos indígenas. Advirtieron que sus territorios son fundamentales para la preservación de ecosistemas clave para la vida en el planeta.

Estas preocupaciones están respaldadas por estudios científicos que evidencian los impactos de la extracción de hidrocarburos en territorios indígenas. Investigaciones han documentado altos niveles de contaminación en la Amazonía y la superposición de millones de hectáreas de bosques tropicales con bloques petroleros y gasíferos.

Las comunidades afrodescendientes también aportaron propuestas, subrayando la relación entre racismo ambiental, justicia territorial y autonomía económica. Representantes como Sibelys Mejía señalaron que la dependencia de los combustibles fósiles está ligada a procesos históricos de desigualdad y despojo.

En este sentido, demandaron el reconocimiento legal de sus territorios y el fortalecimiento de economías propias, así como la posibilidad de liderar proyectos de էնergía limpia en sus comunidades. La transición, afirmaron, debe ser inclusiva y reparar desigualdades históricas.

El sector académico también jugó un papel relevante. Más de 500 científicos participaron en mesas de trabajo para elaborar propuestas concretas, como la eliminación de subsidios a combustibles fósiles, el desarrollo de mecanismos de financiamiento y la creación de marcos regulatorios que faciliten la transición energética.

En el marco del evento se anunció la creación del Panel Científico para la Transición Energética Global, que asesorará a los países en el diseño de políticas públicas basadas en evidencia. Los expertos coincidieron en que la transición no solo es necesaria, sino viable en el corto plazo.

Otros sectores, como mujeres, comunidades campesinas y sindicatos, enfatizaron que la transición debe ser estructural. Propusieron democratizar el acceso a la energía, reducir la dependencia de insumos fósiles en la agricultura y garantizar procesos de reconversión laboral que no dejen atrás a los trabajadores.

El contexto global refuerza la urgencia del debate. La volatilidad de los precios del petróleo y el gas, agravada por conflictos geopolíticos, ha evidenciado la vulnerabilidad de las economías dependientes de los combustibles fósiles. Según expertos como Fatih Birol, la actual crisis energética podría marcar un cambio permanente hacia fuentes renovables.

Aunque la conferencia no generó compromisos financieros inmediatos, sus conclusiones serán presentadas en futuras cumbres climáticas internacionales, como la COP30 y la COP31. La expectativa es que estas propuestas impulsen acuerdos más ambiciosos y concretos.

En este contexto, Santa Marta podría representar el inicio de una nueva etapa en la gobernanza climática global. Si bien persisten desafíos políticos y económicos, el encuentro dejó claro que existe un consenso creciente: abandonar los combustibles fósiles no es solo una opción, sino una necesidad urgente para garantizar un futuro sostenible.

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