Entre el 24 y 29 de abril próximos, se celebrará en Santa Marta, Colombia, una cumbre de 45 países cuyo objetivo es buscar soluciones para desengancharse de los combustibles fósiles. Esto en un contexto donde la guerra en Medio Oriente refuerza la incertidumbre económica para los países cuya energía depende del petróleo.
Con la confirmación de México y países como Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, Brasil, Australia, Noruega, Filipinas y Dinamarca, entre otros, se espera que a esta reunión asistan una quincena de ministros y responsables de las políticas energéticas y climáticas de cada nación.
La cumbre, denominada «Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles», planteará políticas y medidas concretas para acelerar la transición energética y estudiar los problemas que pueden surgir en el proceso. Se centrará en los siguientes tres ejes temáticos:
1.- Multilateralismo y cooperación internacional. En esta área se discutirá la conveniencia de impulsar un tratado de no proliferación de combustibles fósiles, misma que hoy suscriben 17 países y que consiste en establecer límites o topes en la extracción de carbón, petróleo y gas.
2.- Matriz energética, demanda y suministro. Este bloque se enfocará en el planteamiento de la eliminación paulatina de los subsidios a los combustibles fósiles.
3.- Dependencia económica frente a los combustibles fósiles.
Se pretende que el saldo de la cumbre sea un informe detallado de propuestas concretas sobre estos tres ejes o áreas de enfoque. Se busca que este documento
se traslade al marco de las conversaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, llamadas COP.
En entrevista con el diario El Pais, Irene Vélez, ministra de Ambiente de Colombia, país coorganizador de esta cumbre junto a Países Bajos, asegura que «no estamos invitando a negacionistas climáticos, ni a aquellos que defienden que la solución es a través de compra de derechos de emisión de carbono, que evitan la eliminación de combustibles fósiles”.
La reunión busca atajar la frustración de algunos países que ven en las cumbres climáticas de la ONU cómo muchos compromisos medioambientales son bloqueados por los países menos ambiciosos, tal como sucedió durante la última COP, celebrada en Belém, Brasil, donde gracias a la necesidad de consenso y al poder de veto de las delegaciones representadas, en la declaración final de la cumbre no se logró incluir menciones directas a la necesidad de cómo dejar atrás los combustibles fósiles.






